
La noche estaba limpia después de la lluvia, las gotas seguían impactando con suavidad sobre el
enorme ventanal del despacho en la Alvear Tower de Puerto Madero.
Eva aguardó con paciencia hasta que su visita llegó sin anunciarse. No necesitó hacerlo.
– Madame Petrova – saludó la Sheriff cuando se abrieron las puertas y tres vástagos ingresaron a
la habitación.
A la cabeza del grupo se encontraba una mujer madura de expresión adusta, que vestía un abrigo
largo de cuero bordó, con una elegancia medida, sin ostentación, como alguien que no necesitaba
demostrar nada. Llevaba el pelo rubio cenizo atado sobre sí mismo en un rodete de estilo
colonial mientras dos mechones enmarcaban su rostro de facciones angulosas. Sus sagaces ojos
recorrieron el espacio con interés genuino.
– Me satisface ver que esto es mejor que la torre Atlas – dijo con un marcado acento de europa
oriental – Aunque las ciudades se entienden mejor a través de lo que deciden preservar,
reconozco que ha sido una mudanza fructífera -.
– Buenas noches, Dominique – saludó la Sheriff.
Madame Petrova inclinó levemente la cabeza.
– El señor Delvavsky aprecia su cortesía en invitarlo a esta reunión, aunque no pueda expresarla
en persona debido a la atención que requieren sus investigaciones -.
– Lo imaginé – dijo Eva – Por eso Jacobo ha enviado a su fiel emisario y su renombrada espía de
confianza – exclamó mirando unos pasos más atrás, donde Zack observaba en silencio y Sabrina
parecía estudiar un monitor de la pared, demasiado concentrada como para estar prestando
atención al diálogo – Lo que no me esperaba encontrarme, era que ellos dos iban a venir
acompañados de… -.
– Su sire – Dominique le completó la frase.
Eva sonrió.
– Entonces los asuntos que debo discutir con el señor Delvavsky podrán esperar una noche mas
¿Qué la hizo regresar? -.
– Aparentemente nuestro primogénito pasa las noches encerrado en su madriguera sin
inmiscuirse en los asuntos de interés colectivo para La Camarilla. No se me ocurriría cuestionar
su palabra, Delvavsky es la voz de la experiencia en Buenos Aires, pero necesita a alguien que no
tema decir verdades a la cara -.
Tengo entendido que los chiquillos que usted dejó en Buenos Aires estaban llevando los
asuntos del clan en los que Delvavsky no se interesaba – exclamó la Sheriff viendo a Zack y
Sabrina.
– Y muy bien lo hicieron, pero… ¿Acaso no es tarea de los sires guiar a los chiquillos?… Ventrue –
escupió la Ancilla.
– Correcto, Tremere. Pero déjeme decirle que su regreso tiene mas tintes de ambición política que
de responsabilidad parental -.
– ¿Decepcionada de alguien con ambición política señora Thomson? Curioso -.
– Solo decepcionada de los que no tienen el valor para admitirla. Además mi clan puede
encargarse perfectamente de los asuntos de interés colectivo que menciona -.
Dominique enarcó una ceja.
– No voy a dejar a una británica al control de Buenos Aires -.
– ¿Es una amenaza Madame? Porque yo no negocio con terroristas. Mi vida humana no interfiere
con mi lealtad inmortal, la cual es hacia La Camarilla, el Príncipe y ésta ciudad -.
– A partir de esta noche, los miembros de nuestro clan tendrán una determinación mas aguda
para realizar encargos que comprometan nuestra posición. Y Delvavsky va a tener segundos
pensamientos para incentivar sus decisiones -.
Eva se inclinó sobre su escritorio mientras hablaba – No esperaba menos de una mujer tan
resolutiva Dominique, pero no olvide que ha estado ausente por mas de cincuenta años, la ciudad
no es la misma -.
La Tremere asintió.
– Tengo entendido que sus perros Ventrue aplacan cualquier revuelta con firmeza, pero señora
Thomson… no se convierta en un monstruo para derrotar a otro -.
– Ya somos monstruos Dominique, es hora de que abrace esa naturaleza y la utilice en su favor -.
– Es probable que tenga razón – dijo la Tremere, pensativa – Voy a establecer un refugio bajo la
Catedral Metropolitana, estaremos cerca, en caso de que quiera… tomar el té -.
– Prometo pasar a hacerle una visita – masculló Eva – No tengo dudas de que será un recurso
muy valioso para La Camarilla. Bienvenida a Buenos Aires, Dominique -.
– Que bueno que lo reconozca Sheriff, Buenos Aires no necesita rivalidades. Necesita adultos en
la habitación -.
Eva extendió la mano. Dominique la estrechó y con una mirada indicó a sus chiquillos que
salieran para ir tras ellos.
– Eva… – exclamó la recién llegada cuando pasaba por el marco de la puerta y sus ojos brillaban
con un destello carmesí… – Cuidado con los Brujah, son inestables -.
Habiendo dicho esto, cerró la puerta tras ella.
– Te vió – susurró la Ventrue.
– Señora – se presentó un Brujah saliendo desde una habitación contigua.
– No le des la razón a esta mujer Rosas y conservá tu lealtad del lado correcto -.
– Sí señora -.
– Buscalo a Ortiz, el chiquillo de Rivadavia. Decile a ella que yo te mando. Quiero algunos ojos
leales sobre la Catedral y por el Cementerio de la Recoleta -.
Y en la noche porteña, por primera vez en décadas, el equilibrio volvió a sentirse posible.
