El Cóndor y el Búho
La intensa lluvia que azotaba la noche platense parecía no cesar jamás. El sonidode las hojas que danzaban por el viento fuerte y los pocos automóviles que quedabancirculando frente a la catedral hacían que fuera muy difícil percibir con el oído aquello queno alcanzara la vista, ya obstruida. Ni siquiera

